1ª a los Tesalonicenses
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El año 50, Pablo llegó a Tesalónica, ciudad importante y capital de la
Macedonia (véase H 17,1). Después de haber sido rechazado por
los judíos, Pablo se dirigió a los paganos y llegó a formar una
comunidad en esa ciudad. Pero sólo tres meses después, una revuelta
provocada por los judíos lo obligó a irse.
¿Qué iría a pasar con esos nuevos cristianos, que no habían recibido
de Pablo más que las bases de la vida cristiana? Preocupado, Pablo
le pide a Timoteo que vaya a afirmar a esta Iglesia. Timoteo regresa
optimista y Pablo ya tranquilo les envía esta carta a comienzos
del año 51. Es el texto más antiguo de todo el Nuevo Testamento.
Capítulo 1
Salutación
1:1 Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses
en Dios Padre y en el Señor Jesucristo: Gracia y paz sean
a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
Ejemplo de los tesalonicenses
1:2 Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo
memoria de vosotros en nuestras oraciones,
1:3 acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro
de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra
constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
1:4 Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección;
1:5 pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras
solamente, sino también en poder, en el Espíritu
Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles
fuimos entre vosotros por amor de vosotros.
1:6 Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor,
recibiendo la palabra en medio de gran tribulación,
con gozo del Espíritu Santo,
1:7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de
Macedonia y de Acaya que han creído.
1:8 Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra
del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que
también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido,
de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada;
1:9 porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos
recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos
a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,
1:10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó
de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.
Capítulo 2
Ministerio de Pablo en Tesalónica
2:1 Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra
visita a vosotros no resultó vana;
2:2 pues habiendo antes padecido y sido ultrajados en Filipos,
como sabéis, tuvimos denuedo en nuestro Dios para anunciaros
el evangelio de Dios en medio de gran oposición.
2:3 Porque nuestra exhortación no procedió de error
ni de impureza, ni fue por engaño,
2:4 sino que según fuimos aprobados por Dios para que se
nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar
a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.
2:5 Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis,
ni encubrimos avaricia; Dios es testigo;
2:6 ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros,
aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.
2:7 Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida
con ternura a sus propios hijos.
2:8 Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos
querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también
nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy
queridos.
2:9 Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga;
cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos
a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.
2:10 Vosotros sois testigos, y Dios también, de cuán
santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los
creyentes;
2:11 así como también sabéis de qué
modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos
a cada uno de vosotros,
2:12 y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios,
que os llamó a su reino y gloria.
2:13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias
a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis
de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según
es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros
los creyentes.
2:14 Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las
iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea;
pues habéis padecido de los de vuestra propia nación
las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos,
2:15 los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios
profetas, y a nosotros nos expulsaron;    y
no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres,
2:16 impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos
se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados,
pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.
Ausencia de Pablo de la iglesia
2:17 Pero nosotros, hermanos, separados de vosotros por un poco
de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más
procuramos con mucho deseo ver vuestro rostro;
2:18 por lo cual quisimos ir a vosotros, yo Pablo ciertamente
una y otra vez; pero Satanás nos estorbó.
2:19 Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo,
o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros,
delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?
2:20 Vosotros sois nuestra gloria y gozo.
Capítulo 3

3:1 Por lo cual, no pudiendo soportarlo más, acordamos
quedarnos solos en Atenas,
3:2 y enviamos a Timoteo nuestro hermano, servidor de Dios y colaborador
nuestro en el evangelio de Cristo, para confirmaros y exhortaros
respecto a vuestra fe,
3:3 a fin de que nadie se inquiete por estas tribulaciones; porque
vosotros mismos sabéis que para esto estamos puestos.
3:4 Porque también estando con vosotros, os predecíamos
que íbamos a pasar tribulaciones, como ha acontecido y
sabéis.
3:5 Por lo cual también yo, no pudiendo soportar más,
envié para informarme de vuestra fe, no sea que os hubiese
tentado el tentador, y que nuestro trabajo resultase en vano.
3:6 Pero cuando Timoteo volvió de vosotros a nosotros,
y nos dio buenas noticias de vuestra fe y amor, y que siempre
nos recordáis con cariño, deseando vernos, como
también nosotros a vosotros,
3:7 por ello, hermanos, en medio de toda nuestra necesidad y aflicción
fuimos consolados de vosotros por medio de vuestra fe;
3:8 porque ahora vivimos, si vosotros estáis firmes en
el Señor.
3:9 Por lo cual, ¿qué acción de gracias podremos
dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos
a causa de vosotros delante de nuestro Dios,
3:10 orando de noche y de día con gran insistencia, para
que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra
fe?
3:11 Mas el mismo Dios y Padre nuestro, y nuestro Señor
Jesucristo, dirija nuestro camino a vosotros.
3:12 Y el Señor os haga crecer y abundar en amor unos para
con otros y para con todos, como también lo hacemos nosotros
para con vosotros,
3:13 para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles
en santidad delante de Dios nuestro Padre, en la venida de nuestro
Señor Jesucristo con todos sus santos.
Capítulo 4
La vida que agrada a Dios
4:1 Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el
Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de
nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así
abundéis más y más.
4:2 Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por
el Señor Jesús;
4:3 pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que
os apartéis de fornicación;
4:4 que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad
y honor;
4:5 no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que
no conocen a Dios;
4:6 que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque
el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho
y testificado.
4:7 Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.
4:8 Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino
a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo.
4:9 Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de
que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de
Dios que os améis unos a otros;
4:10 y también lo hacéis así con todos los
hermanos que están por toda Macedonia. Pero os rogamos, hermanos,
que abundéis en ello más y más;
4:11 y que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros
negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos
mandado,
4:12 a fin de que os conduzcáis honradamente para con los
de afuera, y no tengáis necesidad de nada.
La venida del Señor
4:13 Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de
los que duermen, para que no os entristezcáis como los
otros que no tienen esperanza.
4:14 Porque si creemos que Jesús murió y resucitó,
así también traerá Dios con Jesús
a los que durmieron en él.
4:15 Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor:
que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida
del Señor, no precederemos a los que durmieron.
4:16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de
arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del
cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
4:17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado,
seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir
al Señor en el aire, y así estaremos siempre con
el Señor.
4:18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.
Capítulo 5
5:1 Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis
necesidad, hermanos, de que yo os escriba.
5:2 Porque vosotros sabéis perfectamente que el día
del Señor vendrá así como ladrón en
la noche; 
5:3 que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre
ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer
encinta, y no escaparán.
5:4 Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para
que aquel día os sorprenda como ladrón.
5:5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día;
no somos de la noche ni de las tinieblas.
5:6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y
seamos sobrios.
5:7 Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan,
de noche se embriagan.
5:8 Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos
vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación
como yelmo.
5:9 Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación
por medio de nuestro Señor Jesucristo,
5:10 quien murió por nosotros para que ya sea que velemos,
o que durmamos, vivamos juntamente con él.
5:11 Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros,
así como lo hacéis.
Pablo exhorta a los hermanos
5:12 Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan
entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan;
5:13 y que los tengáis en mucha estima y amor por causa
de su obra. Tened paz entre vosotros.
5:14 También os rogamos, hermanos, que amonestéis
a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo,
que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes
para con todos.
5:15 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid
siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.
5:16 Estad siempre gozosos.
5:17 Orad sin cesar.
5:18 Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para
con vosotros en Cristo Jesús.
5:19 No apaguéis al Espíritu.
5:20 No menospreciéis las profecías.
5:21 Examinadlo todo; retened lo bueno.
5:22 Absteneos de toda especie de mal.
5:23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo
vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible
para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
5:24 Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.
Salutaciones y bendición final
5:25 Hermanos, orad por nosotros.
5:26 Saludad a todos los hermanos con ósculo santo.
5:27 Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos
los santos hermanos.
5:28 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.
Amén
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